Obesidad y Depresíon

 

No sólo afecta al aparato locomotor, a la mayor parte de los órganos del cuerpo y al funcionamiento cardiovascular. «La obesidad también tiene un impacto muy
fuerte a nivel emocional e incluso, en algunos casos, los problemas psicológicos son el factor desencadenante de esta enfermedad», según explica Eduardo
García-Camba de la Muela, jefe del servicio de Psiquiatría del Hospital de la Princesa de Madrid.

Durante esta «Semana de la ciencia», un evento que trata de acercar a los ciudadanos la ciencia y la tecnología, distintos museos, universidades y centros de
investigación organizan conferencias, talleres y mesas redondas, entre otras actividades. La facultad de Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) ha celebrado una
mesa redonda sobre «Obesidad: una compleja conversación entre cerebro, grasa y corazón» en la que, aseguran los expertos, «en los últimos
años estamos asistiendo a una epidemia importante de obesidad y las perspectivas de futuro en este sentido son pesimistas».

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), 1.600 millones de adultos padecen sobrepeso y 400 millones obesidad, cifra que se prevé que aumente hasta 700
millones en el año 2015. Concretamente en España, tal y como indican las estadísticas del Ministerio de Sanidad y Consumo, más de la mitad de la
población tiene un peso superior al recomendado (38,5% sobrepeso y 14,5% obesidad). «Es más frecuente en mujeres y aumenta con la edad», afirman los expertos.

La realidad psicológica de la obesidad

«Se trata de una enfermedad difícil de tratar y requiere un abordaje multidisciplinar que no sólo tenga en cuenta la dieta y un programa de ejercicio físico,
también es imprescindible el apoyo psicoterapéutico», asegura García-Camba. A veces, el aspecto mental constituye una causa de la enfermedad (aparte de los
factores genéticos, ambientales y el estilo de vida). «Utilizan el alimento como una sustancia que les permite solucionar sus problemas (tristeza, malestar…) y
aquí empieza un proceso de ingestión descontrolada que puede llevar a la obesidad», añade el psiquiatra.

Generalmente, «la autoestima de la persona obesa disminuye, la imagen de sí misma degenera, siente miedo, inseguridad, tristeza, infelicidad, depresión, problemas en
las relaciones sexuales». Estos trastornos psicológicos se deben, en parte, a las dificultades sociales que la obesidad acarrea y a la personalidad del paciente
(según estudios científicos, son personas emocionalmente inestables, hipersensibles, inseguros y más dependientes que el resto de la sociedad).

«La sociedad actual es obeso-fóbica, premia los modelos físicos inalcanzables que la publicidad propone. Estas personas viven bajo mucha presión, tienen
dificultades cuando utilizan el transporte (aviones, autobús…), para encontrar tallas, para relacionarse, sufren discriminación laboral, problemas de pareja y a veces
hasta aislamiento social», incide García-Camba. Esta situación es la que hace que, según un estudio realizado en Estados Unidos con 9.000 pacientes, el 22% de
las personas obesas padezca trastornos mentales (depresión, ansiedad…) a lo largo de la vida.

La desesperación de la persona obesa le lleva a buscar remedios «mágicos» (productos y dietas engañosas) que acaban en frustración. «Este
tipo de industria es absolutamente delincuente. Hay publicidad engañosa que se aprovecha de esta situación», advierte el psiquiatra. «Existen dietas (como las
del «grupo sanguíneo», la de la «sopa»…) que pueden provocar déficit de vitaminas, proteínas y minerales, desencadenar trastornos de la
alimentación como anorexia y bulimia y favorecer el efecto yo-yo».

Según el Ministerio de Sanidad y Consumo, las dietas que prometen «reducir más de cinco kilos por mes y sin esfuerzos» son falsas. «Sólo hay dos
fármacos que producen pérdida de peso y previenen el riesgo cardiovascular, pero de forma muy moderada», explica Marisol Fernández-Alfonso, investigadora de
la facultad de Farmacia de la UCM. «Es importante hacer prevención y tratar la enfermedad lo antes posible, pero siempre en manos de un endocrinólogo y, según
el caso, de apoyo psicoterapéutico», recomienda la especialista.

El equipo de investigación en el que trabaja trata de «analizar paso a paso cómo se genera la enfermedad desde que el individuo comienza a comer más hasta que
se hace enfermo crónico, para comprobar cómo se origina el daño, hasta qué punto es irreversible y si podemos reorientarla antes de que el problema no tenga
remedio», argumenta Mariano Ruiz, profesor e investigador de la facultad de Farmacia de la Universidad San Pablo de Madrid.

Las cifras de obesidad infantil aumentan

España tiene una de las cifras más altas de Europa de obesidad infantil, superadas sólo por Italia, Malta y Grecia. «En los últimos 15 años se
ha triplicado, por lo que es necesario encontrar estrategias para combatir este problema, desde el colegio y en el entorno familiar», matiza el psiquiatra.

«La base genética es un componente muy pequeño como causante de la obesidad. El factor principal es comer más de lo que gastamos. Cada vez consumimos
más grasa, más azúcares y nos movemos menos», puntualiza Fernández-Alfonso. En el caso de las familias con varios miembros obesos, «no es tanto
por genética como por compartir malos hábitos en la alimentación y actividad física», añade. Según un estudio realizado en Estados Unidos
con 12.000 adultos, la obesidad puede ser contagiosa. Se transmiten los modelos conductuales de los amigos, los familiares y la pareja.

«Todo lo que hacemos requiere un gasto de energía, incluso mientras dormimos», asegura Francisca Gómez Oliver, de la Facultad de Farmacia de la UCM. Dicha
energía proviene de los alimentos, así que la clave está en no ingerir más de lo que se se va a gastar. De lo contrario, «la grasa comienza a
acumularse alrededor de los órganos y genera metabolitos tóxicos responsables de su mal funcionamiento y es cuando comienzan los graves problemas de salud», afirma
el Mariano Ruiz. «No se trata de no comer o comer poco sino de tener una dieta sana y equilibrada y de hacer ejercicio físico», concluyen los expertos.

Laura Tardón

 

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