La crisis de la leche china afecta ya a 53.000 niños y se cobra el primer alto cargo

La crisis de la leche china afecta ya a 53.000 niños y se cobra el primer alto cargo

 

Dos semanas después de salir a la luz pública, el escándalo de la leche adulterada en China se ha cobrado la primera dimisión de un alto cargo del
Gobierno. Se trata de Li Changjiang, el encargado de velar por la salubridad de los alimentos chinos desde su puesto como director de la Administración General para la
Supervisión de la Calidad, Inspección y Cuarentena.

Según informó ayer la agencia estatal de noticias Xinhua, Li Changjiang presentó su renuncia al Gobierno, que la aceptó de inmediato intentando paliar el
nuevo fraude contra la salud pública que ha desatado el pánico en todo el país y ha vuelto a cuestionar el denostado sello de calidad «Made in China».

Menos de dos años

Y es que ya son casi 53.000 los niños que se han visto afectados por tomar leche en polvo de la marca Sanlu, de los cuales el 80 por ciento tiene dos años o menos.
Aunque la mayoría se ha recuperado tras recibir tratamiento médico, aún quedan en los hospitales cerca de 13.000 bebés, de los cuales 104 se hallan en
estado grave al haber sufrido serias insuficiencias renales.

El motivo es la melamina que contenía la leche que habían ingerido, ya que esta peligrosa sustancia química, presente en plásticos, fertilizantes y colas,
daña el riñón de los niños e incluso ha llegado a generarles piedras que han obstruido e infectado el tracto urinario.

Ante las dimensiones que está alcanzando esta crisis de salud pública, el hasta ahora responsable de vigilar la calidad de los alimentos se ha visto obligado a dejar el
cargo debido al retraso con que han actuado las autoridades para atajar el problema. No en vano, las primeras quejas sobre la leche en polvo de Sanlu empezaron a escucharse,
según la televisión estatal CCTV, en diciembre del año pasado, seis meses antes de que, a principios de mayo, falleciera la primera víctima de dicho
producto en la provincia de Zhejiang.

A ésta siguieron otras dos muertes de bebés en Gansu y, la última contabilizada, en la región de Mongolia Interior. A pesar de dichos fallecimientos y de
que Wang Yuanping denunció en mayo en la ciudad de Taishun (Zhejiang) que su hijo de 13 años había desarrollado piedras en el riñón por beber tal
leche, la empresa Sanlu no informó a las autoridades hasta el pasado 2 de agosto.

La compañía, participada en un 43 por ciento por el potente grupo neozelandés Fonterra y con sede en Shijiazhuang, capital de la provincia de Hebei,
comunicó las anomalías en sus productos al Gobierno local.

Sin embargo, sus responsables no avisaron al Gobierno provincial de Hebei hasta el 9 de septiembre, seguramente para no empañar los Juegos Olímpicos de Pekín, con
los que China ha mostrado al mundo su cara más moderna después de tres décadas de extraordinario crecimiento económico. Curiosamente, dicho magno evento
estaba patrocinado por otra gran empresa láctea, Yili, que repartió 1.500 toneladas de leche, yogures y helados entre los atletas, espectadores y periodistas y que luego
ha resultado implicada en este gran escándalo al descubrirse que sus productos también incluían la letal melamina. Un fraude que se ha revelado habitual en la
industria láctea china porque dicha sustancia ha sido hallada en los productos de 22 de sus 109 empresas, entre ellas las tres principales firmas del país (Mengniu, Yili
y Guangming).

Junto a la dimisión del jefe de calidad de los alimentos, ayer se registró la destitución del secretario del Partido Comunista en Shijiazhuang, Wu Xianguo, por no
haber atajado este escándalo en su epicentro en la capital de Hebei. Su cese se une al del primer edil de la ciudad, Ji Chuntang; su vicealcalde, Zhang Fawang; y otros tres
funcionarios municipales encargados de la seguridad e higiene en la ganadería.

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