La comida como recompensa
27 Marzo 2009
“Si te comes la verdura, podrás tomar el postre”. Según J. Odgen, catedrática de la Universidad de Surrey en el Reino Unido, “aunque los padres utilizan este método
para animar a sus hijos a que coman verduras, las pruebas muestran que esto puede incrementar aún más las preferencias de los niños por el postre, pues el emparejamiento de
dos comidas se traduce en que la comida de ‘recompensa’ se considere más positiva que la de ‘acceso’ a ella”.
Una de las investigaciones realizadas sobre este tema es la que han llevado a cabo expertos británicos de la University of Wales, en Bangor, que concluye que las recompensas alimentarias
pueden servir, siempre que el niño no piense “me están ofreciendo un premio por tomar la verdura, luego la verdura debe ser algo intrínsecamente malo”.
Cómo manejar los rechazos de la comida
En un entorno como el nuestro en el que se han puesto en marcha programas de salud tan ambiciosos como el de Frutas y verduras: Cinco al día para aumentar el consumo de estos alimentos
entre los niños, y donde paradójicamente se dan unas estadísticas de consumo alejadas de esa ingesta recomendada, son los padres y los educadores escolares los que
necesitarían una guía basada en la investigación científica, para aprender a manejar el temido rechazo a la comida y a incrementar las preferencias por los
vegetales.
Estrategias que invitan a la recompensa, métodos restrictivos o los que animan a terminar la ingesta deberían evitarse
El objetivo son los niños, ya que los hábitos alimentarios que se forjan durante los primeros años de vida probablemente se establecerán en la vida del adulto. A los
padres les preocupa que sus hijos coman de todo y, sobre todo, frutas y verduras que, por consenso internacional, están clasificadas como alimentos cardiosaludables y protectores de
numerosas enfermedades, entre ellas las degenerativas como el cáncer.
Frente a la preocupación y el estrés que se crea cuando un pequeño rechaza de pleno estos nutritivos alimentos se han desarrollado múltiples estrategias caseras que
han pasado de la mesa del comedor al laboratorio de los centros de investigación para evaluar su eficacia.
Una de las estrategias más extendidas en su uso es la comida como recompensa: “Si te comes las acelgas podrás tomarte el helado”. Otros métodos son los restrictivos: “No
puedes comer hamburguesas”; y otros los que animan a la ingesta: “Hay que acabar toda la comida que está en el plato”.
Según un artículo publicado en la revista científica “Eating Behaviors”, realizado por miembros del Departamento de Psicología de la Yale University, en EE.UU.,
estas conductas normativas de los padres pueden influenciar los hábitos alimentarios para toda la vida adulta. Según las autoras, es necesaria una investigación más
extensa sobre el tema para poder informar a los padres y ofrecerles recomendaciones sobre el uso de la comida en el control de la conducta alimentaria de sus hijos.
Recompensas y recompensas
En la actualidad no hay un consenso entre los diversos estudios realizados sobre la idoneidad o no de ofrecer comida como recompensa en la tarea de educar los hábitos alimentarios de un
pequeño. Parece ser que la relación entre las recompensas y la comida es complicada. Según J. Odgen, de la Universidad inglesa de Surrey, “en un estudio en el que se
ofreció a unos niños que se tomaran su zumo de frutas preferido, para luego poder acceder a una atractiva zona de juegos, los resultados demostraron que la utilización del
zumo como medio para conseguir la recompensa, reducía la preferencia por éste”.
En esta misma línea, otros investigadores aducen que este tipo de prácticas puede inducir al niño a comer más verdura o fruta a corto plazo, pero con el tiempo los
intentos de control por parte de los padres podrían tener efectos negativos sobre la calidad de la dieta de los niños porque se puede reducir la preferencia por los alimentos que
precisamente se quieren introducir. El niño puede pensar que si le premian con un helado por tomarse las acelgas, éstas no deben de ser nada buenas. Sin embargo, en una
línea diferente a la expuesta se han publicado otros estudios que han demostrado que según el entorno y el tipo de recompensa se puede conseguir que los niños coman mejor.
Desde la Escuela de Psicología de la University of Wales, en el Reino Unido, han conseguido aumentar las preferencias por los vegetales en niños de entre cuatro y once
años, poniéndoles seis videos con sus héroes de ficción disfrutando de deliciosas frutas y verduras y dándoles pequeñas recompensas si comían
ellos lo mismo que sus personajes favoritos.
Parece ser que bajo ciertas circunstancias los premios pueden aumentar la disponibilidad para modelar la conducta alimentaria. Por ejemplo, ofrecer recompensas verbales en vez de tangibles,
como decir “estoy orgullosa de ti” o “estás aprendiendo mucho”, o dar pequeños objetos como pegatinas o un lápiz de colores, podrían tener efectos positivos en el
gran escollo de desarrollar el gusto por los alimentos saludables.
ESTIMULAR EL GUSTO POR LO VERDE
– Imagen: Buck –
El mejor método para estimular la atracción por las espinacas, las peras, las manzanas y las judías es el de la exposición diaria, es decir, ofrecer un plato o una
guarnición vegetal cada día en alguna ingesta. Así lo aseguran expertos del Cancer Research UK Health Behavior Unit, del Departamento de Epidemiología y Salud
Pública de la University College of London. Según estos investigadores, la invitación repetida a que el niño pruebe una pequeña cantidad de la comida o el
alimento que no le gusta y que rechaza, sin poner gran énfasis en la cantidad que coma, es una buena estrategia para promover el gusto por ese alimento o un plato determinado.
La paciencia de los padres ha de ser grande, ya que puede pasar tiempo antes de que el efecto repetición de la exposición al alimento funcione. Muchas personas sucumben en el
intento y caen en la tentación de la recompensa, que según los expertos londinenses podría limitar la efectividad de esta técnica. No obstante, apelan también
a más investigación que pueda aclarar las ideas a los progenitores y a los educadores en colegios e instituciones.





