Tres lecciones de la crisis financiera

Tres lecciones de la crisis financiera

 

Lo más difícil de creer de la actual crisis crediticia americana que estamos atravesando es que haya llegado por sorpresa. El sector financiero es el más regulado y
supervisado del planeta. Además desde hace meses las noticias de su desempeño decían mostraban un panorama oscuro. Pese a las medidas tomadas por los gobiernos y
bancos centrales para aminorar sus efectos y restablecer la confianza de todos, este es el día que aun no sabemos, en billones de dólares, el tamaño del problema.

Aun sin resolver y con amenazas de coletazos para las economías del globo, la crisis trae por lo menos tres lecciones que inaugurarán una nueva forma de operar que
restablezca la confianza en los mercados y los usuarios del sistema.

La primera tiene que ver con los operadores: muchos tomadores de riesgos (traders, administradores de inversiones en fondos y banqueros, entre otros) lo venían haciendo mal desde
tiempo atrás, aunque solo hasta ahora nos dimos cuenta. La segunda, sobre contabilidad: el reflejo contable de estas operaciones no mostró oportunamente la realidad
económica de esas operaciones y por tanto, los riesgos no fueron evidentes ante los jefes, los dueños, los reguladores y a través de estos últimos, ante los
clientes. La tercera, regulación: las entidades de control que debían supervisar los diversos tipos de riesgos aquí involucrados fracasaron en su intento de mitigar
y controlar, a través de reportes periódicos, los riesgos del más importante sector de economía, el financiero. Miremos una por una.

Operadores
1.- La presión por crecer y crecer pone metas cada vez más difíciles tanto a las entidades crediticias como a sus operadores y hoy nos damos cuenta que estas pueden
implicar enormes riesgos también para las economías y para el público en general. Quienes son los artífices del cumplimiento o no de estas, y que, de
lograrlo, ven allí representado su esfuerzo en la millonaria bonificación anual que reciben por su gestión, son los operadores de estas entidades.

2.- Crecer un negocio crediticio con préstamos, en un mercado con tasas de interés a la baja, como las vividas por Estados Unidos los últimos 2 años, es una
tarea que necesariamente involucra un mayor volumen de créditos para compensar el menor ingreso, y para llegar a él, se acude a clientes de regular categoría, los
llamados sub-prime (aquellos con historial de crédito desmejorado, o sin empleo formal, entre otros).

3.- Dar créditos para financiar finca raíz es algo corriente y seguro, pero insistir en seguirlo haciendo masivamente, cuando el precio de los hogares americanos
mostró unas ganancias de precio inverosímiles e históricas, es otra cosa. De eso tan bueno no dan tanto. Después, desde el 2007 cuando las casas empiezan a
no ganar valor, y luego, a perderlo, empiezan las dudas y la incertidumbre, que se sostiene creyendo que es algo temporal, y ya en el 2008 no se resiste la presión por la
liquidez que debe financiar dichos rubros y empiezan a caer instituciones tan importantes como Bear Stearns y Lehman Brothers y a tambalear otras varias, como AIG, Merril Lynch y Morgan
Stanley, entre otros, lo que se ha hecho evidente en los tenedores de sus acciones y bonos a través de la gran volatilidad del precio de ellos.

Contabilidad
Algo pasó que no se reflejó oportunamente en los libros contables sino hasta último momento, amenazando la caída de instituciones como naipes. Las primeras
dificultades en financiar dichos activos debieron generar impactos negativos en los resultados que no fueron evidentes. En otras palabras, los resultados de estas instituciones para el
cierre del año 2007 mostraron utilidades millonarias suficientes para todos, especialmente para los operadores, quienes usualmente reciben su bonificación anual en los
primeros meses del año, cuando estas entidades ya estaban afrontando problemas.

Reguladores
Brillaron por su ausencia. Los rumores en el mercado por causa del posible contagio de muchas entidades invertidas en estos tipos de créditos se anticiparon a los reguladores,
generando apretones de liquidez que algunas entidades capotearon, y que no merecieron actuaciones especiales por parte de esos reguladores.

La actividad de otorgamiento de créditos pareció ser a todas luces exagerada (todavía no se ha dicho el número de billones de dólares que
costará esta crisis). Las entidades que invirtieron en dichos títulos, apalancados en dinero barato del mercado, lo hicieron también en niveles de
concentración que superan lo que podría llamarse un riesgo moderado. Se suma a lo anterior toda una diversidad de productos derivados que buscan apalancar posiciones,
dosificar los riesgos de precio y crediticios, y vender empaquetados, en proporciones milimétricamente calculadas con determinados fines, créditos buenos y malos que al
cabo del tiempo no pudieron seguirse financiando por sus tenedores.

¿Qué viene ahora?

1.- Volver a lo básico. El negocio financiero tendrá que recuperar la confianza perdida frente a sus clientes y dueños (los que compran sus acciones en los mercados
bursátiles). Para hacerlo, deberán enfocar nuevamente su actividad central en la intermediación de crédito bien calificado, actividad fácilmente
rastreable y controlable. Tendrán que dejar a un lado aquellas operaciones de derivados que no permitan un fácil rastro y control interno en cada organización y
externo por los reguladores. Ningún inversionista querrá saber que su dinero está al vaivén de este tipo de operaciones.

2.- La liquidez local y mundial se hará escasa mientras se acaban de tomar medidas para sofocar esta avalancha. Es probable que el desmonte de este tipo de operaciones aun
vigentes en otros grandes bancos genere algunos impactos de liquidez que deberán tener preparados a bancos centrales y gobiernos para dar el apoyo necesario. Es probable que a
través de los créditos de apoyo otorgados por los gobiernos, tal y como se ha sugerido, estos terminen siendo, ojalá temporalmente, dueños parciales de
dichas entidades.

3.- El reconocimiento a los operadores que se hace a través de bonificaciones anuales deberá ser mucho más cuidadoso para evitar que los productos transados y las
estrategias implementadas busquen solo beneficios de muy corto plazo, mientras el activo que las produjo es uno de mucha mayor duración. Es probable que este tipo de
remuneración tenga que ajustarse a otros criterios para evitar conflictos de interés entre el corto y largo plazo, que también parecieron hacerse evidentes.

4.- Los ingresos que obtengan las mesas de trading de los bancos y los grandes portafolios de inversión deberán tener un monitoreo especial para determinar si ellos,
específicamente, se corresponden con posibles egresos futuros (posiciones de estructuras especiales, por ejemplo). Habrá que estudiar la conveniencia de medidas de
índole conservadora que, sin afectar inequitativamente al inversionista “que sale”, “al que llega” o a aquel “que se queda”, permitan que los
ingresos afecten el estado de resultados solamente cuando no estén sujetos a revertirse, para lo cual habrá que tener en cuenta criterios de concentración, de
precio, y de calificación diferentes a los de hoy. En el caso de pérdidas, estas afectarán inmediatamente el estado de resultados. Serán medidas de este tipo
las que logren restablecer la confianza perdida en los inversionistas hoy.

5.- Los reguladores del mundo entero deberán contar con otras metodologías y equipos de personas expertas que permitan un monitoreo permanente diferente al que hoy
fracasó. Las calificadoras de Riesgos, entidades como la Securities Exchange Committee o Superintendencias, las entidades de autoregulación y los bancos centrales y las
bolsas, tendrán que ajustar sus criterios a los momentos que vive el mercado. La crisis de hoy muestra la importancia de tener políticas de control adaptables según
las situaciones de mercado que se estén enfrentando. Políticas de crecimientos o expansión exageradas serán contrarias a las buenas prácticas que
requiere el sano y estable desarrollo de una economía sana.

En medio de tantas debacles, también hay cosas buenas que han salido de la crisis. Salió a la luz pública mundial un problema al que, con un elevadísimo
costo, se le dará solución pública, (aunque es estrictamente privado el sector), a través de una pronta, gigantesca y simultánea inyección de
liquidez de los países desarrollados.

Lo positivo es que los reguladores, los dueños y los administradores de entidades de crédito e inversión, al igual que los inversionistas, de todo el globo,
habrán aprendido la lección. El papel crucial de todos los reguladores será modernizar sus criterios y métodos para garantizar un mercado financiero y de
valores, robusto, debidamente monitoreado y blindado frente a dinámicas y trampas perversas de corto plazo, las que considero fueron las principales causantes de este enorme
descalabro.

Seguirá siendo cierto siempre que el sector financiero es la médula de las economías y después de los ajustes por venir, esas economías
crecerán más tranquilas a su lado.

Andrés Pardo

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