¿Estaba realmente hambriento Oliver Twist?

By Redazione

 

Cansado de su ración diaria de gachas, Oliver Twist, el célebre personaje inventado por Charles Dickens, se dirige una noche al director del orfanato en el que vive:
«Por favor señor, ¿puede darnos algo más de comer?», le suplica. El famoso episodio le costó al pequeño la expulsión del centro.
Dos siglos después, un equipo de investigadores británicos se plantea si realmente Oliver tenía que pasar este trago, si necesitaba tanto comer un poco más.

En un trabajo que publica el siempre curioso número navideño de «British Medical Journal», expertos del Departamento de Dietética del Hospital General
Northampton y del Centro de Historia de la Medicina de Birminghan (Reino Unido) han analizado la dieta descrita por Dickens y la que recogen otros recetarios y menús de la
Inglaterra victoriana, en la que se desarrolla la historia de Oliver Twist.

Su conclusión es, cuanto menos, sorprendente. «Si bien la comida que recibían Oliver y sus compañeros en el orfanato no era apropiada para un crecimiento
adecuado y conllevaría muchas enfermedades, como anemia o raquitismo, la dieta que figura en otros manuales de la época y que se atribuye a la que se daba en estos
hospicios sí es nutricionalmente suficiente para el desarrollo de un chaval de nueve años», afirma J. Reinarz, director del estudio. Por tanto,
«¿qué es ficción y qué realidad en la historia contada por Dickens?», se preguntan.

Según las palabras del propio Oliver Twist, su alimentación consistía en «tres pequeñas raciones de gachas diarias, una cebolla dos veces por semana y
medio panecillo los domingos. En los días festivos recibíamos además 60 gramos extra de pan».

Los investigadores usaron un programa informático para comparar el contenido nutricional de esta dieta con la que figura en el «Dietario de los orfanatos», una
completa obra sobre la cocina de estos establecimientos escrita por el doctor Jonathan Pereira en 1843. Así, señalan que las raciones de gachas debían contener,
según las recetas plasmadas en papel, al menos siete gramos de la mejor harina de avena. Otros documentos muestran además que los orfanatos recibían grandes
cantidades de carne para sus huéspedes.

A la vista de los datos históricos, «los dietistas actuales aprobarían la comida servida en los orfanatos victorianos y apreciarían, especialmente, su pan
grueso», indica el equipo británico, que considera que «los platos que recibía Oliver no eran tan malos como los pinta Dickens».

Palacios para pobres

Las leyendas que circulan en torno a los abusos que se cometían en los hospicios de la Inglaterra Victoriana son dignas de la mejor película de terror. Torturas,
vejaciones, separación de familias y demás injusticias han circulado de boca en boca, de año en año. Las descripciones de Charles Dickens han contribuido en
parte a esta visión negativa de la época. Y, en «Oliver Twist», hace una dura denuncia a la difícil situación que vivían los niños
de entonces.

La obra fue escrita tres años después de la aprobación del Acta de la Ley de Pobres en 1834, que condujo a la proliferación de muchos orfanatos y albergues
para los más desfavorecidos. Los inspectores tenían que proporcionar evidencias de que los pobres recibían en estos establecimientos una alimentación mejor a
la que podrían conseguir en la calle. Aunque se cuentan muchas historias oscuras sobre los abusos que tenían lugar en estos centros y que los autores no dudan que se
produjeran – lo cierto es que no hay muchas evidencias que lo puedan corroborar.

Dickens, que tuvo una infancia dura, se oponía frontalmente a la Ley de Pobres, porque le recordaba las privaciones que sufrió durante la niñez. «Su novela es
una crónica de los abusos a los niños. Su fuerza y vigor nos recuerda, todavía hoy, las penurias que sufren algunas personas olvidadas por la sociedad»,
escriben los investigadores. «No obstante, nuestro análisis nutricional revela que lo que comía Oliver Twist no se corresponde con la realidad», concluyen.

Isabel F. Lantigua

 

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