Las Bolsas desconfían del plan Bush contra la crisis
29 Settembre 2008
El Congreso consensuó ayer in extremis un texto de 106 páginas que cuenta con la bendición del presidente George W. Bush y de los dos candidatos a sucederle, Barack
Obama y John McCain. Culminan así diez días de infarto que cambiaron Wall Street y que se harán en sentir en profundidad y por mucho tiempo en la política
norteamericana.
No fue rápido, ni fácil, ni limpio. Tarde en la noche del sábado se vio a repartidores de pizza entrar en el despacho de la presidenta de la Cámara de
Representantes, Nancy Pelosi, donde estaban reunidos los litigantes de ambos partidos, juramentados para llegar a un acuerdo a cualquier precio antes de la apertura de las Bolsas hoy. A
cada uno se le había confiscado su blackberry —metidas todas en una papelera—, para evitar interferencias y chivatazos.
Los teléfonos sólo se usaban para recibir llamadas de Barack Obama y de John McCain, alguna de George W. Bush y hasta comunicaciones de Warren Buffett, el multimillonario
inversor y filántropo —al que llaman «el oráculo de Omaha»— que emerge como el gran independiente de esta crisis. Buffett urgió ayer a los
legisladores a ponerse de acuerdo si no querían hacer frente a un colapso económico general. McCain, consciente del hondo rechazo de grandes sectores republicanos al plan,
se guardó mucho de mostrar entusiasmo por el plan, pero sí constató que «no hacer nada en estos momentos es inaceptable». Mientras, Obama
adelantó su apoyo afirmando tener garantías de que los principios por él defendidos se respetarían en el texto final.
Pasaron horas sin que nadie supiera en qué se estaban acercando posturas. Si antes de la fallida cumbre en la Casa Blanca el gobierno se prestó a distintas
escenificaciones —incluida la catarsis del presidente por televisión— para complacer a los demócratas y atraerlos al plan, después tocó volver a
empezar a hacer lo mismo, pero con los republicanos. Se trataba de hacerles sentir políticamente a bordo incorporando algunas de sus exigencias, así sea en grado de
tentativa. Tanto o más importante que qué se incorporaba exactamente, era evidenciar la influencia de quién lo propuso.
Ambos partidos se debatían entre hacerse los amos del plan y decir «yo no he sido» si algo sale mal. Tanta discusión no ha aumentado precisamente la
popularidad de la medida entre los sufridos contribuyentes y votantes, a poco más de un mes de la cita con las urnas. En el Capitolio ya ha empezado la caza del representante y
senador que no se presenta a la reelección o que la tiene asegurada; a aquellos que ven su escaño colgando de un alero les va a costar mucho aprobar esto en la
votación prevista para esta tarde.
El acuerdo llega tras unas horas de infarto en el Capitolio -con pizza y sin «blackberry»- y consultas de Bush, Warren Buffett y los dos candidatos
Porquería en Wall Street
Entre otras cosas porque nadie sabe cuánta porquería se esconde aún bajo las moquetas de Wall Street. Ayer, «The New York Times» informaba de que el
Tesoro y la Reserva Federal pudieron decidir el sorprendente rescate de la aseguradora AIG —sorprendente porque al principio se negaban en redondo a rescatarla— al conocer
el monto de los seguros privado antiquiebra suscritos por AIG con varias otras empresas, pero sobre todo con Goldman Sachs. Ex ejecutivos de la firma aseguran que sin el rescate federal
de AIG, Goldman Sachs habría perdido automáticamente no menos de 20.000 millones de dólares.
Se da la circunstancia de que Goldman Sachs fue durante años el empleador de Paulson, y ha sido también la única firma en cuya defensa ha salido Warren Buffett.
¿Verdadera crisis de los mercados, crisis de los mercados amigos del gobierno o teoría de la conspiración? Todo es posible en América.





