«En los hospitales cubanos muere más gente por falta de comida que por enfermedad»

 

Cuba, además de ser un paraíso tropical de puertas para afuera, también es el edén de las estadísticas triunfales que sitúan a la isla en
unos niveles de desarrollo cercanos a los del primer mundo. Pero están extremadamente maquilladas. La bloguera Yoani
Sánchez -premio Ortega y Gasset 2008- cuenta a ABC, en conversación telefónica desde La Habana, «cómo se trata de no arrojar luz, de que no se
sepa qué está en el lado negativo de la balanza». Pero hay una forma muy sencilla de conocerlo, con la experiencia personal.

«Cada año tengo que rehacer mi agenda porque la mayoría de mis amigos emigran. Por eso sé que la tasa es bastante alta». «Lo mismo ocurre con
los abortos. Hasta hace dos años, era un método anticonceptivo legal, hasta los siete meses de gestación o incluso más». Ésta es una de las
estadísticas que se incluyen en el grupo de las inexistentes o no publicables, al igual que los divorcios o los suicidios.

Por otra parte están las publicadas por los órganos oficiales que «no están sometidas al escrutinio público, ni a una prensa libre». Son datos
tan importantes como la natalidad y mortalidad infantil, personas que mueren antes de los 75 años por causas curables, tasa de subalimentación o el Índice de la
Población Penal, que es el más alto de Suramérica», porque «en Cuba hay muchas cosas ilegales, prácticamente vivir es ilegal», afirma
segura.

En lo que respecta a la mortalidad infantil, expone que «con solo los casos que yo conozco de niños muertos menores de un año, la cifra no da».
«Pertenece a la cotidianidad las historias de bebés que fallecen después de nacer y se inscriben como nacido muerto».

Sin embargo, la cara más dura del engaño está en la sanidad. El número de profesionales médicos se ha reducido alarmantemente -de cada cinco
consultorios, sólo queda uno- y el material sanitario básico suele brillar por su ausencia. «Cuando operamos a mi hijo de apendicitis tuve que llevar desde el hilo
de sutura hasta las sábanas». Por no hablar de la comida,«pues en algunos hospitales se muere más gente por la poca cantidad de alimento que recibe que por
enfermedad».

Para terminar, Yoani Sánchez sentencia: «Los cubanos estamos inundados en números. Números de supuestas cosechas que nunca vemos aparecer en nuestros
refrigeradores, un supuesto bienestar que nunca llega a nuestras casas… Más que conocer estadísticas fiables, queremos resultados reales y palpables, beneficios y
posibilidades».

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