Caperucita roja ya no sale al bosque

 

La falta de contacto con la naturaleza y la circunstancia de que los niños pasen cada vez más tiempo puertas adentro (donde pueden enchufar sus ordenadores, playstations y
demás cacharrería tecnológica) parece preocupar en Estados Unidos cada vez más a un número creciente de padres.

En un fenómeno que tiene mucho de contagio vírico, la inquietud ha propiciado el nacimiento de un sinfín de grupos a lo largo y ancho de la geografía
estadounidense empeñados en rehabilitar a los más pequeños de lo que el periodista Richard Louv llama «la pérdida de intimidad con el mundo
natural».

«Para las nuevas generaciones, la naturaleza es más una abstracción que una realidad», explica Louv, autor de un luminoso «bestseller» que ha dado
carta de ciudadanía a un pujante movimiento empeñado en contrarrestar las consecuencias psicológicas, sociales y «espirituales» que acarrea este
déficit de experiencia verde. «Es muy probable que un niño de hoy pueda hablarte del clima de la selva amazónica, pero difícilmente podrá
hablarte sobre la última vez que exploró un bosque en solitario o que se tumbó en el campo a escuchar el viento y a mirar pasar las nubes», señala el
autor de «Last child in the woods» (El último niño en los bosques).

Por la revolucionaria vía de llevar a los críos «de vuelta» al campo, diversas plataformas ciudadanas como «Children&Nature» o «No Child
Left Inside» se están aplicando a la tarea de recuperar los escenarios al aire libre como un lugar insustituible para la recreación y el aprendizaje.«Nuestra
misión es proporcionar a cada chico la ocasión de experimentar directamente la naturaleza», apuntan los promotores de esta organización que tiene presencia en
una treintena de estados y organiza excursiones y talleres de concienciación entre educadores.

La campaña para «reconectar» a los más pequeños con los entornos naturales cuenta con el aval de numerosos estudios que certifican los beneficios que
para el desarrollo psicofísico de los menores trae el simple corretear por los parques. La idea está siendo utilizada, además, como un socorrido recurso para paliar
la epidemia de obesidad que, entre los chavales estadounidenses, provoca un estilo de vida cada vez más sedentario.

Todavía perplejo por el éxito editorial de «Last child in the woods», que entronca con el panteísmo de H.D. Thoreau o Walt Whitman, Richard Louv ha
comentado que el extraordinario pulso de esta cruzada neonaturalista nace de la convicción de que «en la naturaleza los niños son una especie en peligro».
Pero, sobre todo, nace de la certeza de que «la salud de los menores y la salud del planeta están relacionados».

Sergio Sotelo

 

Leggi Anche
Scrivi un commento